Monday, February 01, 2010

La trascendencia de lo mundano



Todo el tiempo en nuestras mentes aparecen preguntas que pudieran resultar muy sencillas, tales como: ¿Qué hacer?, ¿A dónde ir?, ¿Con quién estar?, pero muy pocas veces la gente se pregunta cosas como: ¿Cómo trascender?, ¿Cómo ser congruentes?

Me aterran los recientes eventos que nos han venido azotando, ya que; independientemente del estéril debate sobre el inexistente estado de derecho en el país, el cual ningún político pareciera entender y/o reflexionar, me preocupa algo más: Me preocupa pensar en la idea de que exista una progresiva ruptura en la continuidad de la vida de los mexicanos. Intentaré ser un poco más explícito sobre esto mencionando algunos ejemplos claros de los cuales nació la idea de escribir hoy.

El atentado del lunes anterior contra la vida de Salvador Cabañas no solo significó una reiteración de la falta de seguridad en la ciudad y del lactante estado de las condiciones de libertad en general. Este hecho trasciende, debido a que este hombre, lleva en sus manos cada semana, la esperanza de millones de mexicanos y no se hable del futuro anímico de una nación entera. El domingo anterior acudí al Estadio Azteca a presenciar el homenaje, y lo que viví ahí fue digno de contar.

Para los aficionados al deporte y los aficionados a la música en general, es claro que un concierto o un juego representan más que un camino más hacia los playoffs o un espacio para escuchar el nuevo álbum. Los espacios de congregación masiva, representan una vía de escape para los asistentes, quienes son partícipes del fenómeno que la gente gusta de llamarlo “inconsciente colectivo”, es decir, estos espacios se alejan de la simple recreación y se tornan reales plazas de fervor colectivo. El domingo no pasó así, fue distinto: aquellos que presenciábamos el evento sentíamos todos que algo hacía falta y que había necesidad de una adaptación pronta a las nuevas condiciones.

Si supusiéramos que la vida transcurre en ciclos, la irrupción tan abrupta de uno de ellos podría traer consecuencias inhóspitas ya que, muchas veces damos por sentados los alcances de las emociones y las pasiones. Si imagináramos el ciclo semanal de un jornalero que basa la mayoría de su esperanza y su fe en el juego del domingo y de la nada aparecen cuestiones exógenas que merman la oportunidad de entrega absoluta a su sentir irracional y si a esto le añadimos el constructo socioeconómico en el que se desempeña, con condiciones en creciente detrimento, podríamos vaticinar el desencadenamiento de un círculo vicioso de hábitos que no indican progreso, sino que se vislumbran más como una trampa social.

Mi preocupación va mucho más allá del suceso ocurrido la semana anterior. Es una preocupación sobre las tendencias actuales y el posible desencadenamiento que éstas tendrán sobre la vida de los muchos. La ruptura de la libertad de congregación y la consecuente imposibilidad de desenganchar la conciencia, me hacen reflexionar sobre la posibilidad de hacernos las preguntas que planteaba al principio. En este momento, sería impensable que la gente se preguntara sobre la trascendencia individual, y lo que es más preocupante, la gente empieza a perder la libertad sobre las preguntas esenciales de las decisiones humanas.

México empieza a ser un espacio sin libertades: libertad de movimiento, libertad de expresión, libertad de congregación y ahora tristemente, la libertad de enajenación.
Esta noticia, me llamó mucho la atención y creo que habla por sí misma:

http://www.eluniversal.com.mx/primera/34365.html

Y más que todo, queda claro en la declaración de los familiares de las víctimas:
“No tenemos a nadie que nos cuide ni nos defienda, y si pagamos y pagamos y pagamos impuestos por toda la bola de soldados, de policías y de todo, están de adorno, porque se vienen a velar a nuestros difuntos, no a moverse ni a ver a quién encuentran ni nada.”

Y pues ahí está, nuevamente, la cuestión del Estado de Derecho, la cuestión que tanto se platica y que poco se critica, que por todos lados se escucha pero que nadie debate. Cuestión que trasciende a nuestras vidas y crea nuevas barreras que destruyen la vitalidad de los individuos y la vida misma de tantos otros, posicionando nuestro foco en un punto ciego con respecto a la trascendencia de lo mundano, haciéndonos olvidar su importancia.

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